El origen de un nombre: La mujer que dibujaba sus propios mapas
El día que conocí a la Sra. Coco, acababa de superar las dos primeras fases del proceso de selección para una vacante en el departamento de Marketing de un importante colegio internacional. Conseguí llegar hasta el final por la seguridad que me brindaba un grado necesario y un Master en una prestigiosa escuela de negocios, pero todo mi arrojo se esfumó cuando la responsable de recursos humanos me comunicó que mi contratación dependía de la confirmación de “la Sra. Elvira Albulú de Farje, Superintendente General del Colegio…”. No me tranquilizo nada que después añadiera “… pero le gusta que la llamemos “Sra. Coco”.
Más tarde comprendí que el apodo le venía como anillo al dedo, porque vestía según una moda no inventada y sólo imaginada por ella, que la embellecía con una combinación de colores bien elegidos pertenecientes a prendas tan pronto adquiridas en boutiques de prestigio como en tiendas outlet o vintage. La elegancia resultante, que adornaba a una mujer de edad cercana al retiro, era una combinación perfecta de su vestimenta y de su gran porte, siempre seguro y casi siempre tranquilo y controlado.
La entrevista con la Sra Coco no pudo comenzar peor “Nuestras normas nos impiden contratar a la madre de uno de nuestros alumnos…”, pero esta afirmación no cuadraba con su amplia sonrisa y lo comprendí cuando me dijo “¡Pero me encantas!, así que vas a trabajar conmigo”. Esta fue la primera vez que la ví saltarse una norma para conseguir su objetivo y es que a ella no le interesaban los caminos establecidos, prefería dibujar su propios mapas y ser disruptiva en todos los aspectos de su vida, los personales y sobre todo los profesionales.
Supe que la fuerza que desplegaba día a día en su trabajo tenía que ver con la resolución de quién ha guerreado en la vida hasta la extenuación. Su motivo para luchar así se llama Mili, su frágil hija pequeña, que desde su nacimiento requirió que su madre lo diera todo para mantenerla con vida: todo su tiempo, todo su dinero, toda su juventud pero nunca toda su esperanza. El resultado es que Mili superó todos sus retos y hoy convive, repleta de agradecimiento, con su madre.
Recuerdo noches muy largas preparando un evento, que solo comprendíamos los sufridos colaboradores cuando la Sra Coco afirmaba, ya de madrugada, que la “perfección se alcanza cuándo se soluciona hasta el último detalle”. Como aquel día en la granja escuela, donde para evitar la decepción de los alumnos cuyas lechugas habían muerto por el frío, nos encargó comprar lechugas frescas en el mercado central para reponer el campo en secreto. Los padres y niños encontraron un campo espléndido, aprendiendo el valor de la involucración.
Mi admiración por esta extraordinaria mujer fue la que inspiró, muchos años después, que mi proyecto profesional se llamara como ella, en reconocimiento a todo lo experimentado y aprendido a su lado. Para mí, la Sra. Coco debería ser un referente inspirador para todas las niñas de hoy en día.